Nathalia Marin

Monday, June 1, 2026

Las emociones son como olas.

Las emociones son como olas.

Nacen, crecen, alcanzan un punto máximo y, finalmente, disminuyen. Ninguna ola permanece en la orilla para siempre, y ninguna emoción está diseñada para durar eternamente.

El problema no suele ser la ola, sino nuestra relación con ella.


A veces intentamos detenerla y construimos muros para que no llegue, (mecanismos protectores). Otras veces nos asustamos y creemos que nos va a arrastrar para siempre. También podemos quedar atrapados analizándola, preguntándonos por qué está ahí en lugar de simplemente sentirla.

Pero las emociones tienen una sabiduría propia: cuando les damos espacio, se mueven.

La tristeza llega como una ola para ayudarnos a procesar una pérdida. El miedo aparece para alertarnos de algo importante. El enojo surge para mostrarnos que un límite ha sido cruzado. La alegría nos invita a conectar.


Cuando una emoción aparece, puedes imaginarte de pie en la orilla observando el mar. No necesitas detener la ola ni convertirte en ella. Solo puedes decir:


"Aquí viene una ola de tristeza."
"Aquí viene una ola de miedo."
"Aquí viene una ola de enojo."

La observas, la sientes atravesar tu cuerpo y confías en que, igual que llegó, también pasará.

Porque tú no eres la ola, tu eres el océano. 


Aquí te dejo una práctica sencilla:

Cierra los ojos por un momento y pregúntate:

"Si no intentara cambiar lo que siento durante los próximos 60 segundos, ¿qué sucedería?"

Luego respira y repite:

"No necesito resolver esta emoción ahora mismo. Puedo simplemente sentirla."


Te ayudo, 

Nathy.