Una de las cosas mas difíciles para mí a la hora de enfrentar los traumas ha sido ser honesta conmigo misma. Aprendí desde muy pequeña que los problemas no se compartían, y que tenia que ser fuerte. Decidí ser solo fuerte. Sostenía el mundo con mis manos para que todos a mi alrededor estuvieran bien. Hasta que no pude más con el mundo. Literalmente, se me vino encima, y tuve que aprender a soltar.
Pero al grano. Quiero escribir hoy sobre la difícil decisión de buscar ayuda. De contarle a alguien sobre tus secretos pesados.
Sobre lo difícil que es ser vulnerable. (lo contrario a la rabia no es la alegría, es la vulnerabilidad).
Buscar ayuda es difícil, pero es más difícil vivir en silencio. Entendí que compartir mis dificultades era el camino hacia mi sanidad.
Esto lo aprendí de grande, pero nunca es tarde.
He vivido la mayoría de mi vida en piloto automático, lo que significa que la mayor parte de mi vida me pasó de largo, no me di cuenta, no estaba presente. Muchas de las mis memorias de mi infancia no existen para mí. (he hecho las pases con esto).
Prefería pasar desapercibida. Quería llamar la atención lo menos posible. Creí que pedir ayuda era sinónimo de llamar la atención. Yo no quería llamar la atención. Y decidí resolver mis asuntos sola.
Quería ser invisible, y manifestar mis problemas me daba visibilidad.
Compartir tus problemas si te da atención, pero no de la forma que tú crees. Si tienes problemas, te mereces toda la ayuda que necesites.
Como cuando te duele el estomago y vas al doctor, te mereces toda la ayuda que necesites.
A veces también pensamos que nuestros problemas son insignificantes porque constantemente los comparamos con los de los demás, y terminamos invalidando nuestra experiencia. La mentalidad de que “pues si yo tengo un techo y comida estoy bien”, no es suficiente para ser feliz, y para ser feliz también necesitamos un poquito de ayuda. Toda la que sea necesaria.
Si hay algo que afecte nuestra felicidad, tenemos todo el derecho de poder resolverlo.
Hay muchas razones por las que decidimos no compartir nuestros nudos:
- Para no ser juzgados.
- Para que nadie opine sobre nuestras vidas.
- Por miedo a ser traicionados.
- Porque a veces ni nosotros mismo entendemos nuestros conflictos.
- Para no molestar a nadie.
- Porque somos la columna vertebral de nuestra familia o sistema.
(Gracias por compartir esto conmigo mujeres de instagram).
Todas esas razones nos impiden validar nuestras experiencias, y esto sin lugar a duda disminuye nuestra auto estima, y el espacio que ocupamos en este mundo.
Ocupar nuestro espacio en este mundo requiere incomodar a otros. Requiere incomodarnos, a veces requiere ser el centro de atención, otras llamar la atención de alguien.
Con una confesión, con un grito, a veces poniendo límites.
Cuando no tomamos el espacio que nos merecemos, nuestro sistema de apoyo se hace cada vez más pequeño, somos cada vez menos vulnerables, mas rígidos, menos reales con nosotros mismos, y con las personas que nos rodean. Terminamos aislados, creyendo que “esto solo me pasa a mi”.
Terminamos cargando solos con problemas que en la oscuridad se van poniendo mas y más grandes. Creamos nudos que van cogiendo más y más fuerza.
Pero la verdad es que compartir nuestros problemas los hace mas pequeños, normalizamos nuestras experiencias, nos damos cuenta de que al final todas tenemos nudos, y que todos necesitamos una manito para desenredarlos. Tener nudos no te hace un perdedor, ni menos que nadie, te hace humano, y hablar SIEMPRE ayuda.
¿Qué intento con todo esto? Quiero que sepas, y puedas pedir ayuda cuando la necesites, en el momento que la necesites. (Será mas de una vez en la vida) Y qué sueltes la carga un poquito. No con cualquiera se habla de todo, pero estoy segura de que hay alguien en tu vida que estaría feliz de llevar las cargas contigo.
¿Entonces cómo empezar una conversación con alguien sobre mis nudos?
¿Como le digo a mi familia o amigos esto que me atormenta?
¿Que van a pensar?
¿Me van a entender?
¿Me van a juzgar?
No lo sabemos. Solo se que todos sentimos eso. Y tengo que confesar que hay cosas que solo Dios sabe de mi. Pero durante mi vida me hubiera ahorrado muchos dolores de corazón si hubiera tenido alguien con quien hablar. Qué rico hubiera sido haber aprendido a ser vulnerable mucho antes. No esta siendo fácil. No lo es nunca.
No es fácil decirle a alguien “estoy luchando con mi salud mental”, cuando a veces ni sabemos de que se trata todo eso de “la salud mental”.
La primera vez que compartí mis nudos en terapia, no podía parar de llorar. Tenia un nudo inmenso, y aunque el psicólogo no dijo ni una palabra, después de una hora, mí nudo era más pequeño.
Llénate de valor. Busca un psicólogo. Preguntar por ahí siempre es buena idea.
Aunque no tiene que ser un psicólogo, puede ser cualquier persona en la que confíes.
(Aunque hablar con un extraño a veces es la mejor ruta, no hay ninguna conexión emocional). A mí me encanta.
Las reacciones de las personas que no conozco no me importan tanto como la de las personas que amo.
Hacer un poquito de investigación acerca de lo que estas viviendo es super útil, porque te das cuenta de que, primero, no eres el único en el planeta sintiendo eso, segundo, porque a veces los demás pueden explicar lo que sentimos mucho mejor que nosotros mismos.
Hay miles de personas que han hecho sus problemas públicos para el beneficio de el resto de nosotros, un blog, un articulo, un video, un libro… esto nos facilita poder expresar lo que vivimos con más facilidad.
Descubre cuál es la principal razón por la cual decides atravesar tus dificultades sola, solo.
Buscar ayuda es difícil. Pero quiero que sepas que en algún momento de tu vida debes hacerlo, y deseo que experimentes la ligeres que esto produce en el alma. (Y en el cuerpo)
He decidido hablar libremente de lo que me pasa. Es lo que siento que debo hacer.
Aceptar todas las experiencias que me han moldeado a lo que soy hoy, y no tener miedo de hacerlo.
Despacio, con paciencia, con valentía.
No todos tenemos un llamado a hacer nuestras dificultades publicas, hay una linea muy delgada entre el drama y la vulnerabilidad. pero todos tenemos derecho a sanar. Y ser vulnerables es parte de esa responsabilidad.
¿De que sirvió compartir con los demás acercar de mi bulimia? para los demás de pronto no mucho. De pronto de nada, pero a mí sí, fue útil soltar algo que guarde por tantos años.
Un secreto que por años me maltrato, que ya no es tan enorme, y que ya no puede maltratarme más.
Soy un poquito más libre, un día a la vez.